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CALDER. RÊVER EN ÉQUILIBRE Fondation Louis Vuitton

  • 4 may
  • 2 min de lectura


La retrospectiva dedicada a Alexander Calder en la Fondation Louis Vuitton es, sin duda, una de las mejores que hemos visitado. No solo por la cantidad ,cerca de 300 obras, sino por la claridad con la que revela cómo se construye un lenguaje artístico verdaderamente único.

La exposición recorre casi medio siglo de creación, desde finales de los años 20 hasta sus esculturas monumentales de los años 60 y 70, ocupando más de 3000 m².



En 1925, trabajando como ilustrador en Nueva York, descubre el mundo del circo. Y ahí empieza todo. El Cirque Calder es la semilla.

Más de 100 figuras hechas con alambre, corcho, madera y materiales simples. Personajes que se movían, tenían roles, generaban escenas.

Calder no se limitaba a mostrarlos. Los activaba.

Durante funciones de hasta dos horas, los manipulaba en vivo, narraba, añadía música, jugaba con luces y sonidos. Sin nombrarlo, estaba haciendo art performance.

Y al mismo tiempo estaba definiendo su lenguaje. Movimiento. Equilibrio. Suspensión. La idea de que la obra está viva.


Las influencias están ahí: Piet Mondrian, Pablo Picasso, Wassily Kandinsky, Joan Miró entre muchos otros.

Pero no hay imitación. Hay transformación.

La visita al estudio de Mondrian en 1930 marca un punto de inflexión: el paso a la abstracción. Primero en pintura, luego en escultura.

Ahí nacen los móviles, término propuesto por Marcel Duchamp y los stabiles, nombrados por Jean Arp.

A partir de ese momento, Calder hace algo que nadie había hecho realmente antes: introduce el tiempo como parte de la escultura.

Lo que impresiona en esta exposición es la coherencia.

Desde los primeros alambres hasta las piezas monumentales, todo responde a las mismas preocupaciones: el movimiento, la luz, el equilibrio, los materiales.

La muestra también sitúa a Calder dentro de su contexto.

Obras de artistas como Paul Klee o Jean Hélion permiten entender hasta qué punto su propuesta era radical. Calder no siguió una Corriente, vivio su propio tiempo y

las absorbió todas… y construyó algo propio. Una obra sólida que nace de una idea de una exploración constante, rigurosa y profundamente coherente.

Calder no inventó simplemente formas.

Inventó una manera de pensar la escultura.


 
 
 

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